TU REFLEJO: Damaris Cáceres

TU REFLEJO: Damaris Cáceres

No vivas para complacer a los demás.

La mayor parte del tiempo, vivimos para complacer a los demás. No nos damos cuenta de que jamás podremos satisfacer las exigencias de otros. Por más que intentemos, nos encontrarán más y más faltas. No todos piensan de la misma manera. O sea, que es imposible satisfacer a todos al mismo tiempo. Debemos cambiar nuestra manera de pensar si queremos ser felices en la vida. Recuerda que no es malo ser egoísta de vez en cuando, si de nuestra vida se refiere.

Debemos ser felices primero para luego hacer felices a los demás. Por supuesto, no podremos hacer feliz a nadie intentando satisfacer exigencias de otros. La felicidad comienza con la aceptación. Debes aceptarte como eres, y los demás también deben aceptarte. Si deseas mejorar o cambiar ciertas cosas en ti, no es malo hacerlo. Pero debes tener en cuenta que si lo haces, debe ser por tu bienestar, no por complacer a alguien más.

Las únicas exigencias que debes satisfacer son las tuyas. Los demás deben aceptarte como eres, así como tú debes aceptar a los demás como son. Hay que tener respeto. El respeto que los demás se merecen es el mismo respeto que tú te mereces. Así que vive como te sientas feliz. Los demás no tienen derecho de decirte cómo vivir, pues la vida te pertenece a ti. Tú no le dices a nadie cómo vivir. No permitas entonces que otros te digan cómo vivir.

Disfruta tu vida. Trázate metas y alcánzalas. Sé agradecido. Ámate. Sonríe, canta, y baila. Atrévete a realizar lo que siempre has soñado. Recuerda que las vivencias y experiencias son las que enriquecen el alma. Es lo único que nos llevamos cuando la muerte nos llama. Y nadie más, va a morir por ti.

 

El Niño Deficiente 

Hace muchísimos años, un niñito llegó de la escuela a su casa bien entusiasmado. Su maestra había enviado con él una carta sellada a su mamá. Para él era un acontecimiento grandioso ya que su maestra casi nunca le prestaba atención. Tampoco ninguno de sus compañeritos de clase. Mientras su madre leía la carta, se le humedecieron los ojos y comenzó a llorar.

“Mamita, ¿por qué lloras? ¿La carta dice algo malo? ¿Hice algo mal?” Le preguntaba el pequeñito confundido y asustado.

Al escucharlo, su madre suspiró y secó sus lágrimas diciendole: “No hijito. No has hecho nada malo. Estoy llorando de felicidad.”

“¿Qué dice la carta mamita? Léemela por favor”. Insistió el niñito sonriente e impacientemente.

Complaciendo a su hijito, ella miró la carta nuevamente. Luego de aclarar su garganta y suspirar, procedió a leerla, mostrando aún el nudo en su garganta mientras la leía despacio: “su hijo es un genio. Esta escuela es muy poca cosa para él. No contamos con maestras suficientemente capaces de enseñarle. Hágalo usted misma”. Culminó la mujer, dejando rodar nuevamente sus lágrimas, mientras observaba a su hijo mirarla sonriente reflejando pura inocencia.

Así lo hizo. Le enseñó en su casa lo mejor que pudo ella misma, hasta que enfermó y murió. Thomas Edison era el nombre del niñito. Años después de la muerte de su madre, él se convirtió en el inventor más importante del siglo.

Un día, buscando entre sus cosas guardadas, encontró aquella carta aún en su sobre. La misma carta que hizo tan feliz a su madre cuando él era pequeño. La tomó en sus manos y la abrió para leerla nuevamente y recordar aquel momento. Inesperada sorpresa se llevó.

“Lamentamos informarle que su hijo Thomas Edison, es un niño mentalmente deficiente. Nuestra escuela no está capacitada para enseñar a niños deficientes como él. Usted deberá hacerse cargo de su educación ya que queda expulsado de nuestra escuela”, decía la carta realmente.

Él comienzo a llorar intensamente luego de leerla y recordar las lágrimas de su madre.

Sí, Thomas Edison fue un niño “mentalmente deficiente” que su propia madre convirtió en un verdadero genio.

No existe sobre la faz de la tierra un poder tan grande como el amor de una madre. Tampoco existe persona a carezca de luz propia. Sí, existen seres que se sienten intimidados por la brillantez de otros. Es por esa razón que se dedican a opacar la intensidad de esa luz que ellos no son capaces de dar.

Afortunadamente nosotras las madres tenemos ese gran poder de lograr que la luz de nuestros hijos sea más brillante que la del sol mismo. Y esa luz… no hay quien la opaque. Ayudemos a nuestros hijos a brillar con su propia luz…

 

Las Enseñanzas de la Vida

Me han preguntado, ¿por qué me dedico a escribir lo que escribo? ¿Cuáles son mis estudios? ¿Estoy capacitada para dar consejo? ¿Cómo logré tanta inteligencia y sabiduría?

Primero que todo, no me considero sabia ni inteligente. Como he dicho muchas veces, nadie ha vivido lo suficiente para saberlo todo en la vida. Para mí, cada día que nace es una nueva oportunidad para aprender. La vida es una constante enseñanza hasta su final.

Fui una niña algo diferente desde que nací. Sí, fui víctima del ahora llamado ‘bullying’ por causa del ‘Nistagmo’ que padezco. Sufrí mucho y creo que esa fue la chispa que me fue transformando lentamente. Fui aisládome. Ese factor ayudó a desarrollar grandemente mi imaginación; mi arte en el dibujo y también la curiosidad de saber el “por qué” de las cosas.

Sí, con el pasar de los años, mi camino estuvo algo retorcido por describirlo de ese modo. Algo que es normal cuando cargas con tanta confusión y rebeldía.

Lo que cambió mi vida de golpe fue la muy mala experiencia que sufrí por causa de un accidente automovilístico. Estando aquí hoy día milagrosamente, doy testimonio de que sucedió algo que no podría explicar con palabras. Desde ese momento, mi mente se transformó. Se borraron muchas memorias de mi vida pasada. Fueron remplazadas por otras, que hasta el sol de hoy no sé indicar de dónde salieron.

La cuestión es que desde ese momento mi vida se transformó en una muy distinta a la que viví antes. Desde entonces, sentí gran necesidad de dedicarme a las artes. Pinté murales, saqué mis libros escritos en mi adolescencia a lápiz, y los modifiqué en computadora. Fue como un interruptor encendido. Comencé a escribir libros sin cesar.

Al mismo tiempo, comencé a estudiar mis bachilleratos en la universidad. Comencé a aprender temas nuevos e interesantes acerca de la vida. Lentamente mi mente fue abriéndose más y más a verdades jamás imaginadas que me afectaron mucho. Me decidí a estudiar entonces teología investigativa, humanidades entre otros temas de mi interés. Llegar a la universidad y tener acceso a la tecnología fue para mí como un oasis en el desierto. Leí la Biblia Cristiana tres veces en su totalidad. Tenía muchas preguntas que nadie lograba contestar, pues me decidí buscar las respuestas por mi cuenta. No quería equivocarme. También leí libros Budistas. Libros como los Paramitas, los Tripitacas entre otros. Estudié diferentes religiones, sus historias y orígenes. Estudié las enseñanzas de muchos otros grandes Maestros. Leí libros científicos sobre la vida de Siddhartha Gautama, más conocido como ‘Buda’ o ‘Iluminado’, y de Jesús.

Luego de tanta búsqueda me di cuenta de una sola cosa. Para poder encontrar mi paz tenía por obligación ‘vaciar mi copa’. O sea, deshacerme de todo lo que me habían inculcado desde niña, para entonces llenarme de ese nuevo y verdadero conocimiento que estaba adquiriendo.

Pude ver que todos esos grandes maestros tenían el mismo objetivo. Sí, encontré respuestas. Ahí encontré mi paz. Ya no tenía dudas ni conflictos en mi cabeza. Encontré mi propósito en la vida. Ahora tenía que trabajar con mi alma y mis pensamientos. Comencé a ver la vida desde otra perspectiva y se me abrieron los ojos. Comencé a practicar yoga hasta que comencé a enseñarla. Tuve mi grupo de meditación y yoga. Allí compartíamos experiencias y opiniones que nos servían de terapia espiritual. Fue una experiencia única. Por cuestiones de la vida, tuve que retirarme. Pero aquí estoy intentando cumplir con mi propósito.

Me dedico a escribir lo que escribo porque para eso nací. Nací con un don y ese don es para compartirlo con quien lo desee. ¿Mis estudios? Pues sí, poseo dos bachilleratos universitarios pero lo que yo escribo sólo lo enseña ‘el Tiempo y la Vida’. Las experiencias enseñan más que un libro. Ese sentimiento que se siente cuando vives algo, un libro jamás te lo dará. Eso es lo que me capacita. ¿Que si soy inteligente? No. Todos somos ignorantes en algún aspecto o materia en la vida. No me considero inteligente, pero sí intento absorber todo lo que pueda de cada situación.

Todos somos maestros y alumnos al mismo tiempo, si no lo somos el uno del otro, sí lo somos de la vida misma.

 

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