El día que la presidencia de Donald Trump cambió para siempre

    Por Análisis De Chris Cillizza

    No importa lo que suceda el próximo año, o incluso los próximos cinco años, del periodo de Donald Trump en el cargo, el primer párrafo de su obituario político contendrá esta oración (o una parecida): “Trump fue llevado a juicio político por la Cámara de Representantes el 18 de diciembre de 2019, convirtiéndose en el tercer presidente de la historia en ser tan reprendido”.

    Que la votación histórica estuviera predeterminada y que fuera precedida por más de seis horas de insultos, hostilidad y vileza partidista no debería distraerte de ese hecho básico. Y de este: la acusación contra Trump (y el posterior juicio en el Senado) significará una grieta clara en su presidencia, nuestra política y el país. En el futuro, pensaremos en la presidencia de Trump como “antes de que fuera acusado” y “después de que fue acusado”

    Ahora, eso no significa que la medida histórica –y es histórica, independientemente de si estás o no de acuerdo con ella– cambiará mucho de lo que ocurre día a día en Washington. De hecho, una de las cosas más sorprendentes sobre el miércoles fue lo normal que se sentía todo. Trump tuiteaba insultos contra sus oponentes políticos y citaba los elogios de sus programas favoritos de Fox News. Los republicanos defendían al presidente sin importar los hechos. Los demócratas insistían en que estaban haciendo lo correcto, en oposición a lo políticamente inteligente.

    Para ser un día tan histórico, todo se sintió mundano. “Realmente no parece que nos estén acusando”, bromeó Trump en un mitin de campaña en Michigan el miércoles por la noche.

    Tal vez así es como la historia siempre se ve de cerca. Menos memorable y glamorosa, y más arenosa y sombría, que lo que la retrospectiva la hace ver.

    Pero no se equivoquen: esto hizo historia.

    Trump, no importa lo que haga el Senado — y lo más probable es que vote para no destituir al presidente en algún momento a principios del próximo año–, tendrá esta acusación en su historial y legado permanentes. Y eso es cierto independientemente de si este voto de juicio político está a la altura de las terribles predicciones que ambas partes están haciendo en este momento.

    Obviamente, si Trump es destituido de su cargo debido al rechazo de los votantes queriendo castigar al partido que lo habilitó –o si es reelegido y / o los republicanos retoman el control de la Cámara de Representantes impulsados por una ola de descontento de los votantes sobre el impulso que los demócratas dieron al juicio político — los historiadores citarán luego la votación de este miércoles como un momento crítico.

    Pero, incluso si ninguno de esos escenarios sucede, todo a partir de hoy se verá a la luz de la votación de juicio político en la Cámara de Representantes. Cada movimiento que haga Trump, cada encuesta que fluctúe, todo lo que ocurra en política entre ahora y noviembre de 2020 se analizará como parte de los ecos de lo que sucedió en esta fatídica noche de diciembre de 2019.

    Eso es especialmente cierto para Trump porque todo esto está sucediendo a) en su primer mandato y b) menos de un año antes de que se enfrente a los electores en 2020. Esa es una diferencia crítica entre las circunstancias que rodean el juicio político de Trump y el del presidente que enfrentó lo mismo más recientemente: Bill Clinton.

    Clinton se acercaba al final de su segundo mandato cuando la Cámara de Representantes lo llevó a juicio político en diciembre de 1998. Si bien hubo claras y grandes reacciones que siguieron al juicio político de Clinton –los republicanos perdieron terreno en la Cámara de Representantes en las elecciones de medio término de 1998, pero recuperaron la Casa Blanca dos años después — esos impactos no fueron vistos directamente en la presidencia de Clinton.

    Ese no será el caso con Trump.

    Y puedes estar absolutamente seguro de que Trump no dejará todo este asunto del juicio político en el pasado una vez que concluya el juicio del Senado, y suponiendo que no sea destituido de su cargo. Porque, mmm, eso no es lo que él acostumbra, especialmente cuando cree que, de alguna forma, ha sido la víctima.

    Incluso cuando la Cámara de Representantes votaba para acusarlo formalmente, Trump estaba dando su propia refutación en tiempo real en un mitin de campaña en Michigan. “No hicimos nada malo”, dijo Trump a la multitud. “Tenemos un tremendo apoyo en el Partido Republicano”.

    Eso es solo un comienzo. Si el pasado es ejemplo, Trump hablará a diario de la votación de destitución del miércoles, si no con mayor frecuencia, entre ahora y el próximo noviembre. Y si gana un segundo mandato, considerará este día como el día en que se gestó dicha victoria.

    (Aquí una idea aterradora pero posible: si Trump pierde, podría afirmar que toda la elección fue invalidada por el llamado “golpe” que intentaron los demócratas, y se negaría a aceptar su derrota).

    El punto es este: No importa lo que ocurra mañana, el próximo mes, en 2020 o más allá, este miércoles es el día en que cambió la presidencia de Trump. ¿Para mejor? ¿Para peor? Esas respuestas no llegarán rápida o fácilmente, tal vez ni siquiera en las urnas el próximo año. Pero cuando miremos hacia atrás, este será el día que más recordaremos.