Pobreza de los afrodescendientes

Pobreza de los afrodescendientes

Por: Humberto Caspa

El caso de Ferguson, Missouri, nos da la oportunidad de reflexionar sobre la situación económica y social de los grupos afrodescendientes en el mundo.

Uno se preguntará por qué este grupo minoritario es, tal vez, el uno de los más azotados por la pobreza, el desempleo, la marginalidad económica, la falta de educación, el crimen y otros males sociales de aquellas sociedades menos desarrolladas o anteriormente llamadas subdesarrolladas.

El problema central de los afrodescendientes no es uno de decisión individual. Como cualquier grupo social marginalizado, los afrodescendientes no deciden –por decir— ser pobres, desempleados o tomar parte de un grupo de crimen callejero y/u organizado.

Por el contrario, al igual que cualquier persona racional, el afrodescendiente busca oportunidades en la sociedad para sobresalir, tener dinero o una mejor posición social, pero las oportunidades se le niega porque son, precisamente, afrodescendientes.

En este sentido, el problema de esta gente es estructural y sistémico. El racismo, los prejuicios sociales y los estereotipos contra los afrodescendientes son simplemente consecuencias de sistemas económicos y sociales marginalizadores.

El desarrollo económico normalmente no los incluye. Es decir, pocos empresarios ven a los afrodescendientes como un mercado de inversión pudiente. En consecuencia, los marginalizan y los dejan a las penurias de la pobreza.

La situación económica de los afrodescendientes en los Estados Unidos, a pesar de que es mejor que en otros países, no es precisamente la mejor. Evidentemente existen personas negras de clase media y alta en este país, pero la mayoría está situada en los eslabones de pobreza. Sus problemas, por consiguiente, son similares a esos grupos sociales afectados por la falta de dinero.

Hace un poco más de tres años, mi esposa, mi hija y yo, nos ausentamos en un viaje de paseo por la región Este del país. Visitamos a New York, Boston; conocimos a la Universidad de Harvard y la de Yale, dos baluartes de la educación norteamericana y mundial. Nuestro viaje también incluyó las Cataratas del Niágara, en cual está ubicado en plena frontera de Estados Unidos y Canadá. Su belleza es incomparable y difícilmente descriptible.

Antes de llegar a Niágara pasamos por Búfalo, ciudad gélida y en una precariedad casi absoluta, a excepción de algunos sectores escasos de clase media y alta. Pareciera que la mayoría de los habitantes de esta ciudad vive en un nivel económico precario, de alta pobreza y abandono. No es ninguna coincidencia que los habitantes de estos sectores plagados de pobreza pertenecen a los grupos de afrodescendientes.

Muy cerca de nosotros, en la zona metropolitana de Los Ángeles, los barrios más afectados por problemas sociales, la pobreza, el vagabundaje, el crimen, pertenecen a los grupos afrodescendientes.

En Colombia, país sudamericano que está en pleno crecimiento económico, tiene toda una región –el Chocó— poblada por afrodescendientes. Al igual que en Búfalo o en cualquier otra ciudad norteamericana dominada numéricamente por afrodescendientes, el Chocó es la región más pobre de Colombia. En el mundo, hay sociedades completas, como Haití o los países de África, que están en la pobreza extrema. No es ninguna coincidencia de que todos son sociedades de negros.

Así, el hecho de ser afrodescendiente procrea desventajas sociales y muchas veces se convierte en un estigma que no permite la superación personal. Ferguson o cualquier ciudad o sociedad con mayorías negras nos ayuda a entender la precariedad de este grupo social y “nuestro” problema contra esta gente.

Humberto Caspa, Ph.D., es profesor e investigador de Economics On The Move. E-mail: hcletters@yahoo.com