Tu Reflejo – “Devuélveme mis manitas”.

Tu Reflejo – “Devuélveme mis manitas”.

Por: Damaris Cáceres Mercado

Esta historia es muy antigua y verídica. Se cuenta en muchas versiones, pero en nuestro caso, la moldearemos para una version actual que nos aplique a nosotros, especialmente los padres modernos y para que les sirva de enseñanza a los futuros padres.

Se cuenta que una familia se había comprado un hermoso auto nuevo.  El padre amaba ese auto ya que todo su esfuerzo y casi todos sus ahorros estaban ahí.  Un día salió a pasear la familia entera, la cual se componía de papá, mamá y su pequeño hijo de tan sólo tres años.  Se detuvieron en una gasolinera.  Los padres se bajaron del auto dejando a su pequeñín sólo.  El pequeño encontró un marcador y como es de suponer empezó a escribir todo el asiento.

Él estaba feliz haciendo dibujitos en la tapicería del carro.  Con un gran entusiasmo infantil, sin ninguna malicia. Pintaba y dibujaba feliz.  Al llegar, sus padres no pudieron asimilar la sorpresa de encontrar todos los asientos de su ‘nuevo bebé’ escritos con dibujitos de su hijo quien estaba sonriente y feliz por su obra de arte.  El padre, de muy fuerte carácter, agarró al niñito sin pensarlo dos veces comenzando a pegarle consecutivamente con todo su coraje.  Le pegó hasta con el llavero.  El pobre niñito lloraba desconsolado sin saber la razón por la cual su padre estaba tan furioso pegándole tan fuerte en sus pequeñas manitas. Su madre sólo miraba, sin interceder a su favor.  Luego de tanto pegarle, el padre le gritó:

 

“Ya te hemos dicho mil veces que los marcadores son únicamente para dibujar en papeles que nosotros te prestamos.  ¡A ver si aprendes la lección!”

 

Al llegar a su casa vieron que el niño tenía sus manitas bien hinchadas y en muy mal estado.

Decidieron entonces llevarlo al hospital.  Después de varias horas, salió el médico y les dijo:

 

“Las cosas se complicaron.  Lamentablemente tenemos que amputarle las manitas a su hijo.  El daño provocado por los golpes ha sido muy severo.  Si no hacemos algo ahora, puede morir.”

No podían creer lo que estaban escuchando.  Era imposible creer lo que el médico les estaba anunciando.  Tuvieron que aceptarlo.  Tiempito después que salió de cuidados intensivos, los padres del niño pudieron ir a verlo.  Ya en la habitación, el niño comenzó a llorar al ver a su padre y le dijo:”

 

“¡Papi, papi!  ¡Ya aprendí la lección!  ¡No lo volveré a hacer, pero por favor, devuélveme mis manitas!  ¡Devuélvemelas por favor papi!”

 

Ya se pueden imaginar a su padre.  Su conciencia no lo dejó vivir en paz luego de eso.  Ya se imaginan lo que hizo después.  Por lo menos eso fue lo que escuché.  Esta historia no es de mi autoría.  La escuché hace mucho tiempo atrás.  Supuestamente es verídica.  Es muy triste, pero como todo, tiene una gran lección.  Cada día que nos levantamos y abrimos nuestros ojos, es un día más de aprendizaje en nuestras vidas y muchas veces sin darnos cuenta.  Este tiempo en que estamos viviendo es muy difícil.  Los valores, el amor y el respeto están en decadencia, hasta tal extremo que preferimos las cosas materiales ante nuestros seres queridos.  Le prestamos más atención a cosas que deberían ser de segundo interés.  ¿Qué es más importante que escuchar a nuestros hijos contarnos sus anécdotas en la escuela?  ¿Qué es más importante que sacar tiempo para estar con las personas amadas?

 

Hoy en día hay que prestarles más atención a nuestros hijos y darle mucho amor.  ¿Qué sacas con pegarle?  ¿Qué sacas con gritarle?  Si buscas disciplinarlos de esa manera, no te sorprendas que busquen lo que necesitan en la calle o en otra persona que jamás podrá darle lo que nosotros como padres les podemos dar.  Sí, los niños muchas veces son difíciles de tratar.  Pero ellos no tienen la culpa.  El gran problema es de nosotros por ser impacientes y muchas veces, más torpes que ellos mismos.  Debemos recordar que la vida de un niño es influenciada por lo que ven y escuchan.  Si el niño es violento, en algún lugar a su alrededor hay violencia.  Ellos no nacen así.  Ellos nacen con su mente en blanco.  Nosotros y el medio ambiente en que crecen somos los que los vamos ‘programando’ en su crecimiento.  Nosotros fuimos niños también.  Hicimos travesuras hasta peores.  Eso es parte de la niñez y del aprendizaje.  Tampoco vamos a permitir que si hacen algo fuera de lugar, lo continúen haciendo, pero violentamente jamás se aprende algo bueno.  Si queremos paz, amor y respeto en la vida de nuestros hijos cuando tengan su propia familia, eso hay que darles desde que nacen.

Recuerda que sólo se es niño una vez.  No podemos darnos el lujo de cometer errores que jamás tengan solución, como fue éste caso.  Y sólo por un par de dibujos.  Los asientos del carro, se podían arreglar o hasta tapizar, pero ¿las manitas del niño qué?

 

Dios me los bendiga siempre.