Tu Reflejo- Porque somos mujeres

Tu Reflejo- Porque somos mujeres

Por: Damaris Caceres Mercado

Muchos hombres se creen que el ser mujer es una desventaja. Inclusive muchas culturas en el mundo subestiman a la mujer maltratándola y haciéndolas ver como si fueran el sexo débil. Que sólo vino a este mundo a traer hijos y a servir como esclava a los hombres. Es algo vergonzoso.

Nosotras las mujeres somos más que capaces de hacer el rol de hombres y el de mujer al mismo tiempo. Lo digo por experiencia y con orgullo. Nosotras las mujeres somos capaces de mantenernos y mantener. Yo lo viví.

Nosotras las mujeres somos más que mujeres. Somos más que hijas, hermanas, y nietas. Nosotras somos más que esposas y madres. También somos padres, cuando sólo se percibe la ausencia de éste. Nuestro corazón puede ser resistente a los cantazos que nos de la vida, pero se torna de titanio cuando algo pasa con nuestros hijos. Podemos proteger a nuestros retoños como fieras salvajes.

No subestimes el poder de nosotras la mujeres. ¡Te puedes llevar sorpresas! Podemos ser hermosas y delicadas como la rosa, pero podemos hacer sangrar con nuestras espinas. Somos como la flor de loto, que hace relucir su hermosura en medio de los pantanos.

Porque somos mujeres fuimos escogidas para dar a luz. Por nuestra fortaleza, nuestra resistencia. Somos más que simples mujeres. Somos guerreras, luchadoras que a pesar de tener el corazón roto continuamos en batalla. A pesar de nuestras heridas sangrantes continuamos en pie de lucha. A pesar de nuestras lágrimas mostramos una sonrisa. Somos las que lloramos bajo la ducha para que nadie se entere de nuestro dolor. Somos de las que amamos desinteresadamente. Somos de las que perdonan pero no dejamos de estar alerta.

En fin, somos mujeres. Y mujer significa mucho, menos debilidad. Si pensabas así de nosotras, piénsalo dos veces. Recuerda que saliste de una mujer y para tú estar aquí, tuvo que haber pasado por mucho.

 

La familia

No hay religión, creencia, ni nada que pueda establecer lo que es la familia. Un apellido, una relación de sangre, no te hace madre, padre o miembro oficial de alguien. Sólo te hace una persona dentro de un círculo llamado “familia” pero que realmente no lo es.

Familia es un corazón sincero que da sin compromiso, un amor sin relación sanguínea ni de apellidos que esté la tu lado apoyándote y dándote la palmadita en el hombro diciéndote; “tranquilo/la, cuenta conmigo”, cuando más lo necesitas.

¿Dónde está esa familia que debería ser sanguínea, con honor y valores? ¿Dónde está ese amor sincero que se supone tu familia sanguínea te dé? ¿A dónde se fue?

El amor sincero está en el dinero. Se han suicidado muchos, se han humillado, han llorado y se han vuelto locos por él. Por lo material se han cometido barbaridades. Por la tecnología muchos han desechado a seres amados una vez. Esa es la familia actual y ¿sabes qué?

Es una pena porque la verdadera familia está siempre unida y no se dan la espalda. Al contrario, se supone que compartan, se unan en los malos momentos. La familia es primero que todo en el mundo. Porque el dinero y las cosas materiales no te pueden dar lo que la compañía y el amor que se supone una a la familia te puedan dar.

Hay que recapacitar y echar los odios a un lado. Dile a esos seres especiales que los amas. A ese o esa amiga/o que tanto ha estado contigo y que consideras como hermano/a, que lo aprecias. Nunca es tarde para eso. No hay herencia, terrenos, ni casas que te dé el amor que tanto necesitas. Piensa, ¿de qué vale tener todo y estar vacío?

 

EL ROBLE Y LA HIEDRA

Un hombre edificó su casa. Y la embelleció con un jardín interno. En el centro plantó un roble. Y el roble crecía lentamente. Día a día echaba raíces y fortalecía su tallo, para convertirlo en tronco, capaz de resistir los vientos y las tormentas. Eso toma tiempo y el árbol aún estaba pequeño.

Junto a la pared de su casa plantó una hiedra y la hiedra comenzó a levantarse velozmente. Todos los días extendía sus tentáculos llenos de ventosas, y se iba alzando adherida a la pared. Al cabo de un tiempo la hiedra caminaba sobre los tejados. El roble crecía silenciosa y lentamente.

– “¿Cómo estás, amigo roble?”, preguntó una mañana la hiedra.

-” Bien, mi amiga” contestó el roble.

-” Eso dices porque nunca llegaste hasta esta altura “, agregó la hiedra con mucha ironía. “Desde aquí se ve todo tan distinto. A veces me da pena verte siempre allá en el fondo del patio”.

-” No te burles, amiga”, respondió muy humilde el roble. Recuerda que lo importante no es crecer deprisa, sino con firmeza”. Entonces la hiedra lanzó una carcajada burlona.

El tiempo siguió su marcha. El roble creció con su ritmo firme y lento. Las paredes de la casa envejecieron. Una fuerte tormenta sacudió con un ciclón la casa y su jardín. Fue una noche terrible. El roble se aferró con sus raíces para mantenerse erguido. La hiedra se aferró con sus ventosas al viejo muro para no ser derribada. La lucha fue dura y prolongada. Al amanecer, el dueño de la casa recorrió su jardín, y vio que la hiedra había sido desprendida de la pared, y estaba enredada sobre sí misma, en el suelo, al pie del roble. El hombre arrancó la hiedra, y la quemó.

Es mejor crecer sobre raíces propias y crear un tronco fuerte, que ganar altura con rapidez, colgados de la seguridad de otros. Quizá les vaya bien por un tiempo, pero llegará la hora en que no se puedan aferrar a otro, y no les irá nada bien. Todas las personas son capaces de hacer lo que se propongan con esfuerzo propio, pero muchas no quieren pasar trabajo y se aferran a otros para llegar más fácil a su meta. A esas personas le llega el tiempo en que ya no pueden aferrarse y al momento de la verdad se caen. No seas uno de ellos porque a la larga, todo se te ira al piso.