TU Reflego-Tu defecto o tu don

TU Reflego-Tu defecto o tu don

Por: Damaris Caceres Mercado

Hola mis compañeros latinos en ésta gran nación llena de oportunidades para los de gran empeño, perseverancia, y gran sed de triunfo. Como cada mes, y mediante éste periódico, cuyos propietarios me abrieron sus puertas, quiero compartir con ustedes una experiencia vivida llena de sabiduría para el alma. Ésta vez, sucedió poco antes de viajar para ésta nación.  En mi isla Puerto Rico, mientras cenaba junto a mi esposo José Ángel Crespo platicábamos acerca de cómo había pasado nuestro día, haciendo diligencias y demás. La conversación se tornó muy interesante cuando en un momento dado, comenzamos a hablar sobre algunos dones que poseo y de los cuales no me gusta hablar, ya que podrían tildarme por loca.

Él, muy acertadamente me dijo; “A Albert Einstein lo creían loco; también a Charles Darwin, a Leonardo Da Vinci”.

Al escucharlo no dije nada. Permanecí pensativa por momentos. ¡Tenía razón! A esas personas en algún momento, nos revela la historia que fueron tildados de ‘locos’. A pesar de todo, se convirtieron en inventores indispensables que contribuyeron al crecimiento intelectual aún en nuestra sociedad actual. La cuestión fue que uno de los mencionados también fue Beethoven. El más impresionante de todos en mi opinión.

¿Por qué fue el más impresionante para mí? Porque fue un genio tocando el piano y componiendo sus propias notas musicales sorprendentes; ¡A pesar de ser sordo! ¡Eso fue precisamente lo que lo sobresaltó de los demás! ¡Su “defecto” fue lo que lo hizo grande! ¡Su “defecto” fue lo que lo destacó de los demás!

Cualquier persona puede ser capaz de tomar clases de piano y aprender; sí. ¡Hasta los ciegos! Pero, ¿podrá alguna persona tocar el piano y componer aquellas extraordinarias notas musicales solamente dejándose llevar por las vibraciones del piano? No lo creo. Indudablemente ese hombre tenía un gran don. Aquello NO era un “defecto”. Aquello era un don.

Eso me hizo comprender que no debemos quejarnos por nuestros “supuestos defectos”, pues ellos mismos pueden convertirse en nuestras virtudes. En nuestros dones.

Tampoco debemos criticar los “defectos” de los demás porque precisamente lo que critiquemos de otro, puede ser lo que convierta a ése alguien en un ser más talentoso, especial y sobresaliente que nosotros.

Debemos agradecer el tener “defectos” pues gracias a ellos somos únicos, valiosos y muchas veces inolvidables.