Daily Archives: Aug 14, 2017

    Corea del Norte ha rebajado el tono y ha asegurado que ha decidido “observar un poco más” los movimientos de Estados Unidos, antes de ejecutar su amenaza de bombardear la isla de Guam, en el Pacífico occidental, donde se alojan importantes bases militares estadounidenses. Asimismo, ha instado a EEUU a “desactivar la tensión y prevenir un peligroso conflicto militar”, según ha informado este martes la agencia estatal norcoreana KCNA.

    De cara a desactivar la tensión y prevenir un peligroso conflicto militar en la península coreana, es necesario que EEUU se decante primero por una opción adecuada y lo demuestre con acciones”, ha dicho el líder norcoreano, Kim Jong-un. Por otro lado, ha advertido que Pyongyang tomará una “importante” decisión si Washington persiste en llevar a cabo sus “imprudentes y extremadamente peligrosas acciones”. En este sentido, las palabras atribuidas a Kim parecen apuntar a los ejercicios militares Ulchi Freedom Guardian, que las tropas surcoreanas y estadounidenses tienen previsto iniciar el próximo lunes y que podrían volver a avivar la tirantez regional. El régimen de los Kim considera una provocación estas maniobras, una simulación computarizada a gran escala, que involucra a decenas de miles de efectivos y que, según los aliados, tiene naturaleza defensiva y solo pretende ensayar respuestas a una hipotética invasión norcoreana del Sur. 

    La tensión entre Washington y Corea del Norte se ha disparado en la última semana, después que Pyongyang amenazara con atacar territorio estadounidense, en respuesta a las últimas sanciones de la ONU que castigan sus lanzamientos de misiles. El presidente de EEUU, Donald Trump, respondió con un tono inusualmente beligerante a Pyongyang, que aseguró entonces que preparaba un plan para bombardear Guam, desde donde acusa a Washington de estar desplegando activos nucleares para presionarlo y lograr que abandone sus ambiciones atómicas.

    También, el presidente surcoreano, Moon Jae-in, quiso apaciguar los ánimos este lunes en Seúl, y aseguró que su Gobierno “evitará una guerra a toda costa”. “Debemos resolver pacíficamente el problema nuclear norcoreano, sin importar los baches que haya”, ha afirmado Moon, en un discurso pronunciado con motivo del día de la independencia nacional, en el que se conmemora el final del dominio colonial japonés sobre la península de Corea.

    Moon ha subrayado que Corea del Sur no consentirá que su aliado estadounidense realice un ataque preventivo, tal y como han insinuado en varias ocasiones miembros del Gobierno de Donald Trump: “Una acción militar solo puede ser decidida por la República de Corea [nombre oficial de Corea del Sur] y nadie debe decidir emprender una acción militar sin el consentimiento de la República de Corea”. “Al mismo tiempo, mantendremos las puertas abiertas al diálogo militar”, ha explicado el mandatario, en referencia a la oferta que planteó a Pyongyang en julio, y que el régimen de momento ha ignorado. También ha querido tender una mano a Kim Jong-un y ha asegurado que Seúl, que técnicamente se mantiene en guerra con su vecino desde hace más de 65 años, no quiere “el colapso de Corea del Norte” y que su Gobierno no persigue “la unificación a través de la absorción”.

    Donald Trump y el primer ministro nipón, Shinzo Abe, han mantenido este martes una conversación telefónica, en la que se mostraron de acuerdo en la importancia de colaborar con la comunidad internacional para evitar que Corea del Norte bombardee Guam. Japón ha movilizado sistemas antimisiles en el oeste del país, ya que la ruta de vuelo de los misiles que Corea del Norte ha amenazado con lanzar en dirección a la isla, sobrevolarían estas regiones occidentales del archipiélago nipón. En este sentido, Abe quiso recalcar que la amenaza sobre Guam “ha elevado las tensiones regionales como nunca antes”. 

    According to the ACLU, black and Latino people are nearly four times more likely to be arrested for marijuana possession than their white counterparts. In New York City, 87% of those arrested for marijuana were black or Latino. This is particularly shocking given that marijuana use among blacks, Latinos, and whites is approximately equal. As Michelle Alexander wrote in her book The New Jim Crow (2010), these laws are part of a system of institutional discrimination that greatly affects minority communities throughout America.

    To understand the significance of these statistics we have to consider what the impact of a marijuana arrest is. Many people experiment with marijuana as youths, but those who are arrested for it will experience the consequences of this arrest for the rest of their lives. The overwhelming majority of those arrested for marijuana are under the age of 30. Consider the 18 year old who is convicted of a marijuana charge. Even if he does not go to prison, he will have this on his criminal record. Anyone who has filled out a job application knows that they ask if you have been convicted of a crime. For the rest of his life, this person will now have a great barrier to finding employment and leading a productive life. Depending on the level of the conviction, a marijuana charge can disqualify the person from being eligible for college loans, public housing, and many other opportunities. The system of marijuana prohibition has made it nearly impossible for this youth to move on with his life. Instead of rehabilitating him, these restrictions will encourage him to enter a life of crime.

    In addition to the social costs of persecuting these young members of the black and Latino communities, marijuana prohibition creates great fiscal costs for the government. In New York State, it costs $60,000 per year to keep an inmate in prison. In New York City, the figure is three times that. Is it worth spending so many of our tax dollars keeping a marijuana user in prison when our roads and bridges are falling apart? Especially since these laws have done nothing to lower the use of marijuana? States like Colorado and Washington that have legalized, regulated, and taxed marijuana for adult use have avoided these social problems and financial costs while also raising money for their state through marijuana taxation. In the State of New York, we could raise an estimated $650 million dollars in tax revenue per year off of legal marijuana sales and create as many as 100,000 new jobs. Ending marijuana arrests would also save us over $1 billion per year in criminal justice costs. We should consider this more productive approach to drug policy instead of filling our prisons and wasting our tax dollars.

    Según a la ACLU (Unión Estadounidense por las Libertades Civiles), la gente negra e latina son casi cuatro veces más probable estar detenido por la posesión de marihuana que sus colegas blancas. En la Ciudad de Nueva York, 87% de la gente detenida por marihuana son negros o latinos. Es particularmente escandaloso porque el uso de marihuana entre negros, hispánicos, y blancos es más o menos igual. Como escribió Michelle Alexander en su libro El Nuevo Jim Crow (2010), esas leyes son un parte de un sistema de discriminación institucional que afecta mucho las comunidades minorías en América.

    Para entender la significancia de estas estadísticas, tenemos que considerar el impacto de una detención de marihuana. Hay mucha gente que experimenta con marihuana durante los años de juventud, pero los que están detenidos sufrirán las consecuencias para el resto de sus vidas. La gran mayoría de los que se han detenido por marihuana tiene menos que treinta años. Considera la persona con 18 años que está condenada por una carga de marihuana. Aún si no va a la cárcel, tendrá esta carga en sus antecedentes penales. Cualquiera que ha entregado una aplicación para trabajar sabe que se pregunta si ha estado detenido. Para el resto de su vida, esta persona tendrá un obstáculo grande conseguir trabajo y una vida productiva. Dependiente del nivel de la condena, una carga de marihuana puede descalificar a la persona de recibir becas académicas, alojamiento público, y otras oportunidades importantes. Porque del sistema de la prohibición de marihuana, es casi imposible que este joven siga adelante con su vida. En lugar de rehabilitación, estas restricciones le esforzarán entrar una vida de crimen.

    Además de los costos sociales de perseguir esos miembros jóvenes de las comunidades negras y latinas, la prohibición de marihuana crea un gran costo económico para el gobierno. En el Estado de Nueva York, cuesta $60,000 cada año mantener una persona en la cárcel. En la Ciudad de Nueva York, cuesta tres veces más. ¿Vale la pena gastar tanto dinero de nuestros impuestos para encarcelar un fumador de marihuana mientras nuestras calles y puentes están estropeados? ¿Especialmente porque esas leyes no han hecho nada para bajar el uso general de marihuana? Los estados como Colorado y Washington que se han legalizado, regulado, y cobrado impuestos sobre las ventas de marihuana se han evitado esos problemas sociales y económicos. A la misma vez, esos estados han ganado mucho dinero por los impuestos. En el Estado de Nueva York, podríamos ganar $650 millón de dólares en impuestos cada año por las ventas legales de marihuana y crear 100,000 trabajos nuevos. Si dejásemos de detener a las personas por marihuana, nos guardaría más que $1 billón de dólares cada año por los costos de justicia criminal también. Debemos considerar esta estrategia en lugar de llenándose nuestras cárceles y gastando nuestro dinero.

    Por Maximilian Eyle

      When The Wire aired on HBO fifteen years ago, television and the role of television in our society changed. Along with shows like The Sopranos, The Wire established that the most cutting edge cinema in the 21st Century would no longer be found at the movies. Part of what made The Wire so outstanding was its unabashed critique of our criminal justice system. Many other television shows had played with the good guy/bad guy narrative by depicting corrupt cops and likable criminals, but The Wire took things a step farther by putting the whole philosophy of our current law enforcement system on trial. Entire books have been written on what that show can teach us, but in my short article I will attempt to outline one specific lesson having to do with police, drugs, and violence.

      The show begins with Avon Barksdale being the biggest drug dealer in Baltimore, with many millions of dollars and many men working underneath him. As his grasp is weakened by the police’s efforts to arrest him – new opportunities are created for his competitors. As his business begins to weaken, the gaps are filled by other ruthless criminals in the area. As Barksdale’s reign declines, Marlow Stanfield begins to take over through a brutal transition of gang warfare where many people are killed, criminals and innocent people alike. The power system had changed. The power and riches that had been Barksdale’s now belonged to Stanfield. What did not change? The availability of drugs or the safety of the neighborhood. Soon, the police would investigate Stanfield and the cycle would begin again.

      There is a strong lesson here about the futility of police intervention in the drug trade. Not only does it do little to curb the availability of so-called “controlled substances”, but it can create power vacuums which often inspire violence. So what are we to do? We obviously cannot let these criminals go unpunished. We found the solution 85 years ago when Al Capone and other powerful underground alcohol distributors controlled our cities. We could not arrest our way out of the problem, so we legalized alcohol in 1933 after thirteen years of prohibition. The U.S. murder rate had been rising and peaked in 1933. That same year, it began to decline – a trend that continued for nearly forty years until the War on Drugs started up under President Nixon . If we are serious about curbing violence in our neighborhoods and cities – we need only look at history for the solution, or perhaps just turn on the TV.

      Violencia, drogas, y la policía

      Por: Maximilian Eyle

      Cuando The Wire empezó en HBO hace quince años, televisión y el papel de televisión en nuestra sociedad se cambió. Junto con las series como The Sopranos, The Wire estableció que el cine más importante del siglo veinte uno ya no sería las películas. Un parte muy distinto del programa era su crítica flagrante de nuestro sistema de justicia. Había muchas series antes que había experimentado con el narrativo tradicional de los personajes buenos y los malos, por ejemplo con miembros corruptos de la policía y criminales agradables. Pero The Wire hizo algo más radical: se llevó al juicio la filosofía entera del sistema de nuestra policía contemporánea. Hay libros enteros sobre este programa y lo que puede enseñarnos, pero en mi artículo corto intentaré a explicar una lección específica sobre la policía, drogas, y violencia.

      La serie empieza con Avon Barksdale – el narcotraficante más poderoso en Baltimore, con muchos millones de dólares y muchos hombres trabajando por él. Mientras su control se debilita por las esfuerzas de la policía – oportunidades nuevas se aparecen para su competencia. Mientras sus negocios se debilitan, los huecos se llenan por otros criminales en la ciudad. Mientras la reina de Barksdale se deteriora, Marlow Stanfield empieza ganar más poder durante una guerra violente. Mucha gente se muere – criminales e inocentes juntos. El poder del sistema se había mudado. El poder y riqueza que era los de Barksdale se vuelven ser los de Stanfield. ¿Y que era igual después de todo esto? La disponibilidad de drogas y el crimen del barrio. Pronto, la policía le investigaría Stanfield y el ciclo empezaría otra vez.

      Hay una moraleja fuerte aquí sobre la futilidad de la policía en la trafica de drogas. No solo no es eficaz para reducir la disponibilidad de las “sustancias controladas”, pero crea vacuos de poder que inspiran violencia. ¿Entonces qué podemos hacer? Es obvio que no podemos permitir que estos criminales sigue sin consecuencia. Hemos descubierto la solución hace 85 años cuando Al Capone y otros miembros de crimen organizado controlaban nuestras ciudades. No podemos solucionar el problema por arrestar a los criminales, entonces legalizamos alcohol en el año 1933 después de trece años de prohibición. La tasa de asesinatos en los estados unidos había estado creciendo y era lo más grande en 1933. Durante lo mismo año, comenzó a bajar – una tendencia que continuó durante casi cuarenta años hasta la guerra contra drogas empezó durante la presidencia de Nixon. Si estamos dedicados a reducir la violencia en nuestros barrios y ciudades – tenemos que ver la solución en nuestra historia, o quizás en la tele.

      By: Maximilian Eyle

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