Daily Archives: Jun 16, 2017

WASHINGTON — President Trump has officially reversed his campaign pledge to deport the so-called Dreamers, undocumented immigrants who came to the United States as small children.

The Department of Homeland Security announced late Thursday night that it would continue the Obama-era program intended to protect those immigrants from deportation and provide them work permits so they can find legal employment.

A fact sheet posted on the department’s website says immigrants enrolled in the 2012 program, known as Deferred Action for Childhood Arrivals, “will continue to be eligible” to renew every two years and notes that “no work permits will be terminated prior to their current expiration dates.”

Immigration rights activists, who have fiercely battled Mr. Trump’s travel ban and increased enforcement of other immigration laws, hailed the decision.

“This is a big victory for Dreamers amid months of draconian and meanspirited immigration enforcement policy,” said David Leopold, an immigration lawyer. “The preservation of DACA is a tribute to the strength of the Dreamer movement and an acknowledgment — at least in part — by the Department of Homeland Security that it should not be targeting undocumented immigrants who have strong ties to their communities and have abided by the law.”

The decision is a reversal from Mr. Trump’s anti-immigrant rhetoric during the campaign and is likely to disappoint some of the president’s most ardent supporters, who view program started by former President Barack Obama as an illegal grant of amnesty.

During the campaign, Mr. Trump repeatedly agreed with that sentiment. At one rally last summer, Mr. Trump vowed to “immediately terminate” the DACA program, saying that Mr. Obama had “defied federal law and the Constitution.”

But once in office, Mr. Trump faced a new reality: the political risks of targeting for deportation a group of people who are viewed sympathetically by many Americans. In some cases, the immigrants did not know they were in the country illegally. Many attended American schools from the time they were in kindergarten.

Asked repeatedly about his intentions for the program since he took office, the president has hinted that he would not try to deport the Dreamers. But immigration activists had remained worried that the administration might still eliminate the program.

The decision to continue the DACA program, which impacts about 800,000 people in the United States, came as the administration formally ended Mr. Obama’s attempt to expand it to also cover the parents of the Dreamers.

In 2015, Mr. Obama proposed an expansion of the program, called Deferred Action for Parents of Americans, which could have shielded as many as five million people from deportation and provided work permits to them as well.

That program was never implemented because a Texas court blocked it at the request of a coalition of 26 state attorneys general. The Supreme Court deadlocked, 4-4, on a challenge to that ruling, but the decision by the Trump administration officially ends the litigation.

Story by Michael Shear

    El presidente de EE UU limitará los viajes a la isla y prohibirá las relaciones comerciales con el poderoso conglomerado militar

    Donald Trump ha decidido llevar el frío a Cuba. Treinta meses después de que Barack Obama iniciase el histórico deshielo con La Habana, el presidente de Estados Unidos va a dar marcha atrás en el proceso de apertura. Limitará los viajes a la isla, prohibirá el flujo comercial con el poderoso conglomerado militar (60% de la economía) y retomará a la retórica del látigo. Es un triunfo de la línea dura, auspiciado por los sectores anticastristas de Florida que lo respaldaron en las elecciones, y que Trump presentará hoy al mundo como un avance de los derechos humanos y las libertades.

    “La política de Obama solo ha servido para incrementar la represión. Vamos a dar marcha atrás y dar el poder al pueblo cubano frente a los elementos represivos del régimen. Habrá cotas, de forma que si hay liberación de presos o elecciones, avanzaremos”, señala un portavoz de la Casa Blanca.

    Trump es imprevisible en todo, salvo en demoler el legado de Obama. En ese terreno, el presidente camina en línea recta y siempre que puede golpea. Lo hizo con el Obamacare y ahora lo intenta con Cuba. El resultado, como es habitual en él, resulta irregular. Ni ha podido desmontar toda la reforma sanitaria ni cerrar ahora por completo las puertas a Cuba.

    El giro no es total. Algunas medidas permanecen. No se tocan las remesas, no se prohíben los vuelos comerciales ni el tráfico de cruceros y tampoco se restituye la política de pies secos, pies mojados que permitía a los cubanos entrar sin visa en EEUU.

    Pero el golpe no deja de ser durísimo. Su objetivo central es desincentivar el trato con el régimen cubano. Para ello prohíbe, salvo alguna excepción aeroportuaria y marítima, toda transacción financiera con el conglomerado militar. El principal afectado será el Grupo de Administración Empresarial (Gaesa), un paraguas empresarial bajo el que las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia controlan el 60% de la economía cubana. Infinidad de hilos de capital en la isla pasan por esta corporación. Hoteles, entidades de exportación e importación, supermercados, cadenas de ropa, recepción de remesas, restaurantes, marinas, transferencias bancarias, alquiler de inmuebles… Poner un candado al comercio con Gaesa afecta a toda la actividad económica del país, estatal y de pequeños empresarios, pues los tentáculos del conglomerado apenas dejan rincones sin tocar.

    El otro gran retroceso lo experimentarán los viajes a la isla. Aunque el turismo seguía prohibido con Obama, los desplazamientos se dispararon gracias a la creación de 12 categorías de viaje, que incluían desde visitas familiares a proyectos humanitarios y actividades culturales. La laxitud administrativa en su justificación, que básicamente dependía del viajero, ha permitido que casi cualquier estadounidense pudiese visitar Cuba. El resultado ha sido fulgurante. Sólo en los cinco primeros meses de este año, 285.000 ciudadanos de EE UU viajaron a la isla, tantos como en todo 2016, y se calculaba que si la dinámica siguiese sin trabas a finales de año la cifra superaría los 400.000.

    Con el fin de congelar esta floreciente actividad, Trump va a exigir un mayor control administrativo de cada viaje y se dispone a estrangular una de las modalidades más extendidas, la denominada  “persona a persona”, que permite desplazarse a Cuba fuera de grupos organizados alegando motivos educacionales.

    En principio, quedarán a salvo de la quema los viajes familiares de cubanoamericanos. Esto supondría un respiro para multitud de hogares de la isla que viven de las remesas de los emigrantes y que arrancan sus negocios particulares con los dólares de la otra orilla del Estrecho de Florida.

    Los detalles técnicos de las medidas de presión se irán plasmando legalmente en las próximas semanas y meses. Será un proceso gradual pero con una meta clara: dar marcha atrás a la apertura y volver a los tiempos del pulso permanente. “Mientras no haya libertad, se restablecerán restricciones”, afirmó el portavoz.

    El giro responde a un interés electoral de Trump. En sus albores, cuando era aspirante a las primarias, se declaró partidario del deshielo, pero a medida que fue necesitando fuerzas para batir a Hillary Clinton derivó hacia zonas más intransigentes, buscando el apoyo del anticastrismo y de senadores como Marco Rubio en Florida, un Estado que fue clave para su victoria en los comicios de noviembre.

    En pago, el presidente ofrece ahora no sólo un endurecimiento bilateral, sino la recuperación de una retórica agresiva y la beligerancia diplomática en la ONU. Su discurso en Miami se celebrará en un espacio simbólico para el exilio duro, el Teatro Manuel Artime de La Pequeña Habana, nombrado en honor de uno de los líderes de la Brigada 2506 que desembarcó en Bahía de Cochinos para tratar de derrocar a Fidel Castro.

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